martes, 7 de abril de 2009


Ayer quedé con Nora, una amiga mía del curro con quien no me llevo mal. Me dijo que había tenido una semana horrible. Que se dejó la mochila en el tren mientras hablaba con su novio Omar y mientras a la vez escuchaba una conversa de unos chicos que parecían sacados de Los vigilantes de la Playa. Porque estos días hace frío y llueve, no para de llover y ellos iban con camisetas veraniegas, chanclas y guapos que te cagas. Tienen una relación muy rara. La de Nora y Omar digo. Pero se llevan bien. El caso es que se dejó la mochila en Girona con toda su ropa, sus cosas, sus apuntes, etc. Para Nora son muy importantes sus cosas, es una persona especial y cuando digo especial no me refiero al sentido genérico de la palabra sino especial de verdad. A menudo cuesta entenderla y de hecho poca gente le cae bien, pero es mi amiga. Volviendo para recuperar la mochila le abrieron el coche, porque claro, fue en coche "que en tren me da palo y otra vez estar con gente me agota". Por suerte solo le cogieron 4 euros. También me dijo que su padre le había cogido los ahorros de toda su vida, los ahorros con los que ahora podría estar en la otra punta del mundo, estudiando y haciendo lo que siempre ha querido hacer, con un chalet en la playa con vistas al mar, un perro, un marido y amantes cada semana. Todos sus ahorros, los de verdad, los que no se tocan nunca, los que no puedes sacar para nada, ni para un préstamo y luego los devuelvo, no no, todos! Su tía esta enferma, más aún de lo que ya estaba. Y para colmo el otro día la bajaron al despacho porque dicen que su actitud no es positiva y que muchos compañeros se han quejado de ella. Que a la larga le pueden hacer mooving. Por 2 segundos pensé que había oído mal, pero no.
Yo estaba nerviosa porque quería contarle algo que llevaba toda la semana esperando, pero ese no era el momento. Ayer no.

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